Posted in

¡Trebucq destrozó a Pergolini en vivo! El Pelado se quebró por su padre ausente y reveló el adiós que nadie imaginaba

En el corazón de un estudio de televisión que ya vio de todo, el jueves 7 de agosto de 2025 pasó algo que nadie va a olvidar rápido. Mario Pergolini, el rey de las entrevistas sin filtro en “Otro Día Perdido” por El Trece, tenía como invitado a Esteban “El Pelado” Trebucq, ese periodista platense que se hizo famoso por su estilo frontal en Crónica TV, A24 y ahora en La Nación+. Lo que empezó como una charla de laburo y orígenes familiares terminó en un momento de drama total: Trebucq se quebró, las lágrimas aparecieron, y Pergolini quedó pálido, mudo, sin saber cómo seguir. El título del video que explotó en YouTube lo dice todo: “TREBUCQ dejó pálido a PERGOLINI en pleno programa”. Pero detrás de esa escena viral hay una historia mucho más profunda, dolorosa y humana que merece contarse con todos los detalles.

Todo arrancó de manera inocente, como suele pasar en estos programas que mezclan risas con confesiones. Pergolini, con esa cara de pillo que tiene, le tiró una foto a Trebucq: una imagen de su hermano Matías abrazando a Myriam Bregman. “Mirá esta foto, ¿tienen discusiones familiares por política?”, preguntó el conductor. Trebucq, con su pelada brillante y esa sonrisa de tipo que ya vio la vida, respondió sin drama: “Sí, charlamos mucho. El domingo hicimos un asado y discutimos, pero bien, no nos cagamos a trompadas. Nada, no pasa nada”. Ahí se vio la familia unida a pesar de las diferencias ideológicas, algo raro en la Argentina polarizada de hoy. Pero Pergolini no paró ahí. Quiso ir más profundo: “¿De qué tipo de familia venís? ¿Tus padres?”.

Y ahí, como si hubiera apretado el botón equivocado, se abrió la grieta. Trebucq, con la voz ya entrecortada, empezó: “Clase media. Mi viejo era veterinario. Nació en el campo, vino muy de abajo. Fue el mejor promedio de la Universidad de La Plata. Y mi mamá nos crió a cuatro hermanos sola”. Mamá Ana María Díaz es la ídola, la heroína que sostuvo todo. Pero el padre, Rubén Alfonso Trebucq, era otro cantar. Separados desde 1983, la relación padre-hijo se rompió hace décadas. “No tenía relación con papá”, confesó el Pelado, y el estudio entero se congeló. Pergolini intentó suavizar, pero ya era tarde. Trebucq siguió contando cómo se enteró de que su viejo estaba grave mientras estaba al aire en Crónica.

“Un tipo de mi club, de Albatros, que es médico, me dice ‘Pela, tu viejo está jodido, está internado en tal hospital’. Yo sabía que estaba mal, pero seguí el programa. No había más nada que hacer, además calculo que mi viejo hubiera seguido laburando también, porque le gustaba el trabajo”. Terminó la transmisión, volvió a La Plata, y ahí llegó el llamado de la mamá: “Vení que se murió tu viejo”. Hacía diez o quince años que no lo veía. Los padres separados desde el ’83, una distancia que se volvió abismo. Trebucq dudó si ir a la casa velatoria. Manejando, vio un pin de Estudiantes de La Plata y decidió llevarlo. Ese gesto simple fue el puente final.

Llegó, se acercó al cajón en silencio y le dijo dos cosas: “Gracias por incentivarme el amor por el estudio y gracias por hacerme de Estudiantes de La Plata”. Le puso el pin en la solapa y se fue. “Creo que lo cremaron, yo después no seguí la ceremonia. Y si está, ojalá lo atesore alguien”. En ese momento, la voz se le quebró del todo. Lágrimas en los ojos del Pelado, que siempre parece de hierro. Pergolini, curtido en mil batallas televisivas, quedó pálido. No sabía qué decir. El silencio en el estudio era ensordecedor. Un invitado que vino a hablar de periodismo terminó exponiendo el dolor más íntimo: el abandono, el rencor y la reconciliación imposible.

Pero la historia de Trebucq no empieza ni termina ahí. Nacido el 20 de mayo de 1976 en La Plata, mayor de cuatro hermanos, Esteban creció con un padre ausente y una madre que fue el pilar. Rubén era un tipo brillante, veterinario de campo que se recibió con honores, pero como padre fue un desastre, según el propio Esteban en otras entrevistas. “Pude entender que papá se escapara con otra mujer, pero jamás perdonaré su abandono”, dijo una vez. Ese escudo emocional que se puso durante años se resquebrajó en vivo frente a miles de espectadores.

En el programa, Pergolini no solo quedó impactado por la emoción; Trebucq también cruzó algunas ideas sobre periodismo, la tele de hoy y su carrera. Contó anécdotas de sus inicios, cómo lo insultaron en Crónica y cómo un llamado lo dejó sin trabajo en un momento. Pero nada se compara con esa confesión familiar. El rating del programa acompañó: 4.4 puntos, nada mal para un late night. Y en redes, el quilombo fue inmediato. Videos recortados del momento superaron las cientos de miles de vistas. “Trebucq humano”, “El Pelado nos mostró su lado vulnerable”, comentaban. Otros, más duros: “Pergolini lo hizo llorar a propósito”.

Esta no es solo una nota de farándula. Es un espejo de la Argentina: familias rotas por separaciones, ausencias, política y laburo. Trebucq representa al hijo que creció admirando la inteligencia del padre pero sufriendo su indiferencia. El periodista que priorizó el aire sobre la despedida, porque “el viejo hubiera hecho lo mismo”. Ese pin de Estudiantes como símbolo de lo poco que quedó: el amor por el estudio y por el Pincha.

Después del programa, Trebucq siguió con su vida. Tiene dos hijas, Delfina y Lupe, de sus anteriores relaciones, y ahora pareja con Sol Simunovic. Sigue en radio, tele y columnas. Pero ese día dejó algo claro: hasta los tipos más duros del micrófono tienen heridas que no cierran. Pergolini, que volvió a la tele con este formato provocador, se encontró con un invitado que le devolvió la pelota con crudeza real.

Imaginá la escena: luces del estudio, público expectante, Pergolini con su estilo relajado tirando preguntas. De repente, el Pelado con la mirada perdida en el pasado. Voz temblorosa. Lágrimas. Y un conductor que, por primera vez en mucho tiempo, no tiene la respuesta rápida. Eso es televisión de verdad, no guionada. Drama que genera debate: ¿hay que exponer estas cosas en vivo? ¿O es catarsis necesaria?

Trebucq no se arrepintió. Al contrario, mostró que el escudo puede bajar. En otras charlas habló de cómo la ausencia del padre lo marcó, pero también lo impulsó a ser curioso, estudioso, laburador. “Mi viejo era un pésimo padre, pero muy inteligente”. Esa dualidad es la que duele.

La repercusión no paró. Medios como Infobae y MDZ contaron la historia con detalles. Videos en YouTube de “LA CALLE ONLINE” y el oficial de El Trece sumaron vistas masivas. La gente se identificó: “¿Quién no tiene un padre ausente o una relación rota?”. En un país donde las familias son complejas, esta confesión tocó fibras.

Detalles específicos del adiós: Trebucq volvió a La Plata después del programa en Crónica. La mamá insistiendo. La duda en el auto. El pin como talismán. Las palabras simples frente al cajón. Y después, seguir adelante sin mirar la ceremonia completa. “Ojalá lo atesore alguien”. Poético y doloroso.

Pergolini, por su lado, manejó el momento con respeto. No forzó más. Dejó que fluyera el silencio y la emoción. Eso habla de su experiencia: sabe cuándo callar. Pero quedó marcado, pálido, como dice el título viral.

Esta historia va más allá de dos figuras de la tele. Es sobre herencias familiares, sobre cómo el laburo puede ser escape o prioridad, sobre reconciliaciones que llegan tarde. Trebucq, el Pelado de Crónica, mostró que debajo del periodista combativo hay un hijo con cuentas pendientes.

Si llegaste hasta acá, ya sabés: la tele argentina sigue dando momentos inolvidables. ¿Qué opinás vos? ¿Te quebraste viendo el video? ¿Tenés una historia similar? Dejá tu comentario abajo. Y compartí esta nota, porque historias como esta merecen ser contadas sin filtros. Trebucq no solo dejó pálido a Pergolini: nos dejó a todos pensando en nuestras propias familias.

 

Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.