¿Qué DECLARÓ PEQUEÑO J? – MATERIAL INÉDITO del TRIPLE CRIMEN DE FLORENCIO VARELA
En las últimas horas, la causa del triple femicidio de Brenda Morena, Lara y la otra joven en Florencio Varela dio un giro brutal. Tony Hansen Valbarde Victoriano, más conocido como Pequeño J, finalmente rompió el silencio. Extraditado desde Perú, el peruano de 19 años que la Justicia argentina señala como uno de los principales organizadores y ejecutores del salvaje asesinato, presentó su primera declaración indagatoria ante el Juzgado Federal de Morón. Y lo que dijo es puro fuego.
Según el acta a la que se tuvo acceso, Pequeño J no se reconoce como “Pequeño J”. Para él es Tony, un pibe que llegó a la Argentina buscando el asado, a Messi y el Obelisco. Dice que en octubre de 2024, recién cumplidos los 18, aterrizó en Villa Zabaleta con la idea de laburar vendiendo ropa en la calle. Nada de narco, nada de poder. Solo un joven migrante más.
Pero la historia se pone densa rápido. Reconoce que conoció a Miguel Ángel Villanueva, alias Julio o “el de Trujillo”, un paisano peruano que ya estaba metido en el ambiente de Zabaleta. Según su versión, Villanueva lo contrató para “hacer mandados y presencias”. Mensajero, nada más. Hasta ahí, todo parece inocente.
Lo heavy viene cuando habla de las víctimas. Admite que el 6 de septiembre de 2025, por orden de Villanueva, reclutó a Morena, Lara y Brenda en la zona de Flores. El objetivo: un servicio de prostitución para un hombre conocido como “El Gordo”. Pequeño J dice que solo cobró 80 mil pesos por la gestión. “Las conocí en la calle, las puse en contacto y listo”, declaró. Niega cualquier vínculo emocional o de negocio previo más allá de eso.
Pero hay un detalle que lo complica. Reconoce que en un segundo encuentro en un boliche, quiso preguntar más sobre la “fiesta” que iban a hacer con las chicas y Villanueva lo paró en seco: “No preguntes más si no querés que las cosas terminen mal”. Según él, ahí empezó a oler que algo raro pasaba, pero prefirió no meterse.
Llega el día clave: 18 de septiembre. Pequeño J admite que estuvo en la casa de Channier 702, el lugar donde después se cometió la masacre. Dice que fue acompañado por “El Bordo” y que cuando llegaron ya estaba Villanueva con Celeste, la dueña del lugar que después lo delató como arrepentida. Según su relato, fue una especie de “tour inmobiliario”: El Gordo estaba mirando las habitaciones porque supuestamente quería poner un restaurante de parrilla. Pequeño J jura que nunca imaginó que ese lugar terminaría siendo una carnicería humana.
Al día siguiente, 19 de septiembre, el día de los crímenes, cuenta otra película. Dice que Villanueva le pidió que acompañara a El Gordo a comprar un auto. En el camino se encontró con Víctor Sotakuro Lázaro, otro de los acusados. Se quedó dormido en el auto y a las 6 de la mañana lo despertó Osorio, que apareció todo mojado y sucio de barro junto a “el negro”. Ahí, Osorio le entrega un arma y una caja de balas: “Miguel me dijo que te las guardes, por esto te vamos a pagar 50 lucas”.
Pequeño J asegura que él nunca participó en la ejecución. Dice que esa noche estaba en su casa de Villa Zabaleta jugando videojuegos, pidiendo comida y con el celular conectado a la antena de la zona. “Puedo probarlo”, afirma. Su estrategia es clara: reconoce contactos, reconoce estar cerca, reconoce haber llevado a las chicas, pero se desmarca completamente de la planificación y la ejecución del triple crimen.
La declaración es de 13 páginas y está llena de contradicciones con lo que ya declaró Celeste, la primera detenida que lo señaló como el cerebro de la operación. Celeste lo pintó como un dealer importante en Zabaleta y Varela, el que armó la emboscada y ordenó la muerte de las tres pibas por un ajuste de cuentas narco. Pequeño J responde indirectamente: “Me están queriendo enchufar porque conozco a todos, pero yo no soy el que mandó ni el que apretó el gatillo”.
¿Es creíble esta versión? Para muchos parece una estrategia clásica de “yo solo era el mensajero”. Reconoce vínculos suficientes como para no quedar como un caído del catre, pero se saca de encima la responsabilidad penal más grave. Sabe que los delitos de los que lo acusan —asociación ilícita, narcotráfico transnacional y triple homicidio agravado— se pagan con perpetua.
Lo cierto es que el caso del triple crimen de Florencio Varela sigue siendo uno de los más brutales de los últimos años en el conurbano. Tres chicas jóvenes, engañadas, llevadas a una casa trampa y asesinadas de forma salvaje en un contexto de disputa por territorio de droga. Videos de Pequeño J caminando con las víctimas en Flores ya circulaban desde el primer momento. Su fuga a Perú, la extradición y ahora esta declaración marcan un antes y un después en la investigación.
La Justicia deberá ahora corroborar su coartada del celular, las declaraciones de los otros imputados y las pericias en la casa de Channier 702. Mientras tanto, Pequeño J apuesta todo a esta nueva estrategia con su nuevo abogado: pasar de presunto capo a simple peón que se vio envuelto en algo más grande que él.
¿Logrará zafar? ¿O sus palabras terminarán siendo su propia condena cuando se crucen con las pruebas? La opinión pública está expectante. En las villas de Zabaleta y Florencio Varela el tema no para de hablarse. Muchos lo conocen como el pibe peruano que subió rápido. Otros dicen que siempre fue más de lo que aparentaba.
Lo que sí está claro es que esta declaración inédita abre un nuevo capítulo en una causa que ya tiene varios detenidos y muchas preguntas sin responder. ¿Realmente Pequeño J era solo un eslabón o fue el que movió los hilos? ¿El Gordo y Villanueva son los verdaderos autores o hay alguien más arriba en la cadena?
Los próximos meses serán claves. Mientras tanto, la declaración completa de Pequeño J ya está en manos de los investigadores y promete generar más ruido que nunca. El triple femicidio de Varela no solo conmocionó por su crueldad, sino porque expuso la crudeza del negocio narco en los barrios del sur del Gran Buenos Aires.
Seguí todas las novedades de esta causa porque, como dijo el propio Pequeño J en su declaración: “Las cosas no son siempre lo que parecen”. O tal vez sí… y esta sea su última carta antes de que la Justicia lo termine condenando de por vida.
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