
Lo que tengo acá en mi poder es la primera declaración indagatoria del apodado “Pequeño J” en la causa del triple crimen narco de Brenda, Morena y Lara en Florencio Varela.
Esta es la primera vez que habla desde que Tony Hansen Valbarde Victoriano fue detenido. Leo textual porque así se redactan las indagatorias. Dice el sin apodos.
Por lo tanto, ni siquiera se reconoce a sí mismo como el Pequeño J. Se lo conoce como Tony, nunca habla del Pequeño J. Con DNI peruano, figura como hijo de Hansel Balvarde Rodríguez y Viviana Dalmira Victoriano. Nacido el 10 de septiembre de 2005 en Perú. Así arranca su declaración indagatoria, en un cambio total de estrategia con el nuevo abogado que lo representa acá en Argentina.
Recordemos que el apodado Pequeño J está acusado por la justicia argentina. Primero una fiscalía investigó la masacre, y ahora el juzgado federal de Morón lo acusa de ser, ni más ni menos, que uno de los principales imputados en la masacre; de haberla planificado, de haberla ejecutado y de haber participado activamente en los crímenes de Brenda, Morena y Lara.
Específicamente, quien en las primeras horas de la investigación involucra al Pequeño J como uno de los posibles sospechosos es una de las mujeres detenidas inicialmente, la primera en confesar prácticamente el hecho y dar todo un relato en el que pinta al Pequeño J como un capo narco, como la persona que engañó a las chicas para que fueran al matadero, a la escena de la masacre, y como el que manejaba el negocio de la droga.
Narcomenudeo tanto en la Zavaleta como en Florencio Varela. Y es Celeste, una de las primeras detenidas, quien instala, insisto, que el Pequeño J tuvo que ver directamente con el plan orquestado para emboscar y matar a las tres chicas.
Pero, ¿qué le decís a la justicia, Pequeño J? Es cierto que como imputado, como investigado, ya detenido en Argentina, ahora —recordemos que lo extraditan desde Perú porque lo capturan allá, porque se escapa a Perú—.
Hay toda una serie de maniobras que hace para fugarse a Perú. Cuando ahora es extraditado por decisión del gobierno peruano, el Pequeño J da su primera versión ante el juzgado federal donde se lo acusa básicamente de narcotráfico, organización transnacional, tráfico de drogas y el triple homicidio, ni más ni menos que delitos que conllevan prisión perpetua.
Pero me tomé el tiempo de leerla, sobre todo los datos de color que ahora no vienen mucho al caso, pero su explicación sí. Él puede mentir como imputado. Sí, obvio. En una indagatoria una persona puede mentir; no está obligada a decir la verdad, y todo lo que diga tiene que ser corroborado por la autoridad judicial. A eso se le llama “evacuar una cita”.
Si él dice que en el momento en que dicen que mató a las chicas él estaba en otro lado y su celular lo puede probar, la justicia lo tiene que evaluar y lo tiene que confirmar o descartar. Lo que me llamó la atención fue cómo relata su llegada a la Argentina, porque es peruano, no argentino.
Y cuenta que cuando cumplió 18 años, entre otras cosas, muchos de sus familiares decidieron viajar a Chile para conocer un país extranjero.
Y él dice: “No, yo elegí Argentina.”
¿Y por qué elegiste Argentina, Pequeño J?
Y el Pequeño J dice: “Elegí Argentina porque escuché hablar del asado, de Messi, del locro, de los pibes y del Obelisco.”
Y que ese es el motivo por el cual decidió venirse a la Argentina, que automáticamente aterrizó en la zona de la Villa Zavaleta como su primer destino, y que ahorró para comprarse ese pasaje.
¿Qué va a pasar en relación a la masacre? Porque lo que importa acá es que sea claro en relación a los hechos criminales que se investigan. Va a ser una mezcla.
Él va a decir: “Sí, yo conocía a las víctimas.”
De hecho, reconoce parte del entramado respecto a su conexión con ellas para que llegaran a ese lugar.
Pero él dice: “No tengo nada que ver con el plan para matarlas. Yo no estuve ahí. No planifiqué ni participé en una ejecución o en un ajuste de cuentas narco, como se está diciendo.”
Es una declaración que valió unas 13 carillas de tipeo. Y dice textual —anoté las palabras exactas para no tener que leer todo y hacerlo muy largo, pero es muy interesante—.
Él dice: “Llegué a Argentina en octubre de 2024, había cumplido 18 años y me instalé en la Villa Zavaleta para trabajar como vendedor ambulante de ropa.”
Ahí se originó su llegada a la Argentina.
Le preguntan: “¿Cuál es tu vínculo con la organización?”
Él dice: “Me involucré con el líder de la banda, a quien conocí en la calle.”
Se refiere a quien es otro de los acusados, Miguel Ángel Villanueva, alias Julio Oato.
Él dice: “Era un conocido mío de mi ciudad natal, Trujillo, en Perú, y me contrataba esporádicamente para hacer mandados y hacer presencias.”
Usa esa palabra, presencias, dice que él era el mensajero.
Él dice: “Este tal Julio, que era de mi pueblo, me agarró. Me lo crucé de casualidad en la Villa Zavaleta, y me contrató para hacerle mandados.”
Obviamente, la pregunta que sigue es: ¿cómo llegan las chicas a vos y cómo las conocés? Porque hay videos que te muestran caminando con las chicas asesinadas por el barrio de Flores.
Y él dice —escuchen esto, eh, va a desviar la atención, va a acusar a otros—.
Él dice: “El 6 de septiembre de 2025, por órdenes de este hombre, Villanueva, recluté a Morena, a Lara y a Brenda para un servicio de prostitución destinado a un hombre apodado ‘el Gordo’, donde les iban a pagar por el servicio de prostitución y yo solo saqué 80.000 pesos por la gestión.”
Es decir, él dice: “Mi conexión con ellas es, primero que nada, que las conocí en la calle en la zona de Flores. Mi conexión fue únicamente porque otro pibe, este tal Villanueva, me pidió que las pusiera en contacto con un tipo llamado el Gordo, que quería un servicio de prostitución.”
Él solo menciona a dos de ellas. Y acá viene el marco en el que intenta despegarse de esta masacre, una de las más conmocionantes de Argentina.
Él dice: “En un segundo encuentro en un boliche, cuando intenté indagar sobre la fiesta que planeaban hacer con las chicas que le presenté, este Villanueva, que es el que me conoció primero acá en Argentina, me ordenó textualmente que no preguntara nada más si no quería que las cosas terminaran mal.”
Es decir, cuando él cuenta: “Me re sorprendió que me contactaran para que les presentara a las chicas que conocía de la calle en Flores. Y cuando quise preguntar algo más, para qué las querían, qué tipo de fiesta iban a hacer con el Gordo más allá del servicio sexual, Villanueva me dijo: ‘No preguntes más si no querés que las cosas terminen mal’.”
Reconozcamos que nunca se abrió, nunca se escapó. El hecho de que haya conocido a este Villanueva de casualidad cuando llegó de Perú es la parte más rara de su historia hasta ahora.
“¿Qué pasó la noche del hecho?”
Vuelve a preguntar el juez federal Jorge Rodríguez.
Él dice: “Lo puedo probar. La noche de la masacre yo estaba en mi casa en la Villa Zavaleta.”
Y le preguntaron: “¿Cómo o haciendo qué? ¿O qué tenés para probar tu coartada?”
Y esta es la parte más impactante de su relato.
Él dice: “Yo estaba en mi casa en la Zavaleta jugando a los jueguitos y comprando comida. Tengo esto respaldado por la antena de mi celular, que estuvo impactando en mi casa toda la noche el día de la masacre. Yo no estuve ahí.”
Entonces, por un lado, la tenés a Celeste, que es una de las detenidas, declarando prácticamente como testigo arrepentida.
Ella dice: “El que hizo todo fue el Pequeño J.”
Y el Pequeño J dice: “Puedo probar que no estuve en la escena del crimen, que me están mandando al frente porque conozco a los involucrados, pero yo no soy el autor material, ni el autor intelectual, ni el mafioso de esta ramificación. A mí ni siquiera me dicen Pequeño J.”
Hablan del encubrimiento porque le van haciendo preguntas a medida que declara, el juez sigue con las preguntas.
En un momento de la indagatoria, el Pequeño J reconoce que va a la casa de la calle Chañar al 702 en Varela, donde terminan matando a las víctimas, pero obviamente dice: “Yo no estaba ahí cuando las mataron ni tengo nada que ver con el triple homicidio.”
Y cuenta que fue a ese lugar el 18 de septiembre, todas casualidades en su vida, el mismísimo día que se planificó la masacre.
Él dice: “Fui acompañado por este pibe conocido como ‘el Bordo’, y cuando llegamos, Villanueva Silva ya estaba ahí. Yo conozco el barrio, y él estaba con Celeste, la dueña de la casa, que es la que después lo entregó.”
O sea, termina admitiendo que fue a la propiedad donde ocurrió la masacre. ¿Y cómo se despega? Porque si te ubicás en la escena, pero te despegás de la masacre, que es lo que él hace, ¿cómo?
Él dice: “Yo estuve ahí, pero no las maté, y no sabía del plan.”
Y dice que cuando estaba ahí en la calle, en la casa de la calle Chañar, el Gordo le mostró las habitaciones a Villanueva Silva, que él vio todo eso, que el Pequeño J fue testigo de todo ese encuentro, que le dijo que iba a ser una parrilla.
Fue casi como un recorrido inmobiliario, pero en ningún momento se imaginó que la casa que le estaban mostrando, a la que había ido a acompañar al Gordo y a Villanueva Silva, estaba destinada a ser usada para matar a tres chicas adentro, y mucho menos a dos chicas que él había conocido tiempo atrás.
Y él dice: “Respecto al 19 de septiembre, que es el día del hecho puntualmente, Villanueva Silva me pidió que acompañara al Gordo a comprar un auto.”
Él dice: “Cuando llegamos a destino, estaba Víctor Sotacuro Lázaro, otro de los acusados. Me quedé dormido y a las 6 de la mañana me despertó Osorio, que sé que después apareció todo mojado en su casa, y que Osorio venía acompañado por un tal conocido como ‘el Negro’.”
Él dice: “Estaban empapados con tierra de los adoquines.”
Describe cómo lo vio Osorio en ese momento, y que Osorio, que es uno de los principales imputados al igual que él, le entrega un arma. Es todo rarísimo que diga que no tiene nada que ver con la masacre, y le da un arma y una caja de balas.
Y Osorio le dice: “Este pibe, Miguel, me dijo que te diera esto, y por esto, por este trabajito de guardarme el arma, te vamos a pagar 50.000 pesos.”
Bueno, todo este es el relato del Pequeño J, que parece bastante inverosímil, pero bueno, es lo que dice para tratar de zafar, ¿no?
En resumen, él dice: “Este tal Villanueva Silva me contactó en el barrio porque nos cruzamos ahí, ya que éramos del mismo lugar en Trujillo, Perú.”
Él dice: “Después me hicieron de nexo con las chicas para que se las presentara a este Gordo que quería contratarlas como prostitutas. Tuve relaciones con una de ellas.”
Él dice: “Una de ellas me dijo: ‘No, ¿sabés la fiesta que nos vamos a mandar?’”
Él dice: “Más tarde caí en la casa de la calle Chañar al 700, pero no tengo nada que ver con el crimen. Solo acompañé la visita que estaba haciendo el Gordo Villanueva y me estaban mostrando el lugar.”
Ahí fue donde conoció a Celeste, la persona que después lo mandó al frente.
Él dice: “Después me ofrecieron un arma para que se las guardara.”
Luego los vio empapados, o sea, se ubica por fuera de toda actividad criminal, pero reconoce y manda al frente a los demás. Esta es la estrategia esencial que está buscando el Pequeño J, ¿no? Como negarse a participar o negar cualquier participación activa, pero ensuciando y mandando al frente a todos los demás.
¿Será verdad que fue solo una casualidad en toda esta historia? ¿Que conoció a gente que no tenía por qué conocer y que no tiene nada que ver con la masacre en sí, que fue un mensajero, que fue un nexo, o es una estrategia para tratar de zafar de lo que seguramente podría ser una condena a prisión perpetua?
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